FILOSOFANDO UN POCO: Lo que nunca hemos entendido de Platón…

Por Ramón Encarnación –DIRECTOR-.

FILOSOFANDO UN POCO.- Pocos son los datos biográficos seguros acerca del autor de La República. Sabemos que nació hacia el 427 antes de nuestra era, en el seno de una familia de la aristocracia ateniense.

Su padre se llamaba Aristón y su madre, Peritione. Tuvo dos hermanos, Adimanto, el primogénito y Glaucón, y una hermana, Potone y uno de sus hijos, Espeusipo, (sobrino, pues, del filósofo), llegó a ser su sucesor al frente de la Academia, que fuera fundada por Platón.

¿Por qué decimos que no hemos entendido al filósofo? Veamos…

Hacia el año 406 se produjo el acontecimiento decisivo de su vida, al trabar amistad con Sócrates y pasar a formar parte del círculo de sus discípulos, lo que orientó su actividad hacia aquél tipo de investigación teórico-práctica que él mismo llegó, si no a bautizar, sí al menos a popularizar bajo el nombre de filosofía, que etimológicamente podríamos traducir, según las versiones, como “amor al saber”, o quizás más profundamente, “identificación por el saber”.

Por allá por el año 368 antes de Cristo, Platón viajó a Siracusa intimando con el que será desde entonces su amigo  más entrañable, Dión. Éste emparentado con el tirano de la ciudad, Dionisio El Viejo, y entusiasmado con la filosofía de su nuevo amigo, trata de introducirlo de los consejeros del tirano Dionisio El Viejo, pero éste se deshace de Platón y de sus molestas exhortaciones políticos-morales haciendo que lo vendan como esclavo en la isla de Egina, por entonces en guerra con Atenas.

Rescatado Platón por Aníceris, vuelve a Atenas y funda lo que llegaría a ser el prototipo de las futuras universidades; la escuela de La Academia, donde parece que permaneció durante otros veinte años parcos en noticias, dedicado a la enseñanzas, el debate y la plasmación por sus escritos de sus ideas en obras de un  de un género que con él alcanzó la cumbre de la perfección estética y la riqueza conceptual; el diálogo (entre ellas, su obra cumbre La República.

Pero, en el 367, recibió una invitación de su amigo Dión para volver a Siracusa a educar al hijo y sucesor de Dionisio, Dionisio El Joven, en las teorías políticas y morales expuestas en el susodicho diálogo, a fin de  de hacer realidad el proyecto de que fueran los filósofos quienes gobernaran, ya que no parecía factible que fuera el camino inverso, a saber, que los filósofos llegaran a gobernantes.

Esta experiencia, pese a la mejor disposición inicial del nuevo tirano, fue tan poco afortunada como la primera, en cuanto al objetivo buscado, con el agravante de que se saldó con el destierro de Dión.

Al cabo de un año, Platón regresó a Atenas, desolado, y por cinco años más se entregó plenamente a las actividades de la Academia, entre cuyos miembros se contaba con el desterrado Dión.

A instancia de este, que creía haber detectado un cambio de actitud en Dionisio El Joven, Platón volvió por tercera y última vez a intentar realizar su ideal ético-político, el año 361, pero el resultado final fue tan negativo como las dos veces anteriores y, tras una visita a Arquitas en Tarento, regresó a Atenas a mediados del 360 para no volver a abandonarla.

En relación con sus experiencias como reformador político, le cupo aún la amargura de conocer el asesinato de su amigo Dión el año 353 cuando, tras librar a su ciudad de la tiranía, trataba de instaurar el régimen platónico. Seis años más tarde, en el 347, moría el propio Platón, a los ochenta y un años de una vida hasta el final pletórico de energía y actividad intelectual.

Entonces, decimos nosotros, ¿cómo siendo Platón tan inteligente, insistió tanto en lo imposible? Es por esto que decimos, con nuestro humilde conocimiento de filosofía, que realmente no hemos entendido a Platón…

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