LOS TRAGOS: Un cuento para morir de risa…

vasoALCARRIZOSDIGITAL.NET.-

El turco llevaba muchos años detrás de aquel mostrador.  Servía bebidas, a veces inventaba, callaba, a veces escuchaba. Conocía las costumbres y las manías de cada uno de los clientes que noche tras noche venían a echarse uno que otro trago.

Entre estos clientes había un hombre que llegaba siempre a la misma hora, a las ocho en punto de cada noche, y pedía dos Martini secos. Pedía los dos Martini a la vez y se los bebía él solito. Un sorbo de una copa, un sorbo de la otra, muy lentamente mirando nada, diciendo nada. El hombre vaciaba sus dos copas, se comía sus dos aceitunas, pagaba y se iba.

El turco tenía la costumbre de no preguntar, pero una noche el hombre le leyó alguna curiosidad en los ojos y, como quien no quiere la cosa, contó.

El hombre de las dos copas dijo: Mi amigo más amigo, quien vivía muy lejos de allí. El amigo vivía en Quito, a la misma hora, las ocho en punto de cada noche, también hacia el mismo ritual de las dos copas y se hacían de cuenta que se las estaban tomando juntos.

Y así pasó el tiempo, de ceremonia en ceremonia hasta que una noche, el hombre llegó c on la puntualidad de siempre, pero esta pidió un solo Martini. “Que sea uno, por favor”, y bebió, lento, callado, hasta agotar la única copa.

Entonces, el turco hizo lo que nunca: Le tocó. Estiró el brazo sobre el mostrador y lo tocó: -Mi pésame-, dijo.

Pero el hombre aclaró que no, que su amigo estaba vivo y coleando: Es que yo hoy he dejado de beber”, explicó.


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