JOSE JOAQUÍN PUELLO: Un dominicano grande, sin aspavientos…

POR ALCARRIZOSDIGITAL.NET.-

Ciertamente que los dominicanos a veces por las cosas que tenemos que ver, por ejemplo de nuestros políticos, perdemos las esperanzas y hasta pensamos que nada hay que hacer ya, porque tocamos fondo totalmente, pero cuando vemos dominicanos como JOSÉ JOAQUIN PUELLO, es para que paremos y nos digamos a nosotros mismos que no todo está perdido…

El doctor José Joaquín Puello es directo, didáctico e ilustrativo. No anda con rodeos para recordar a sus colegas que a veces se olvidan de que fue el deseo de ayudar y curar a los enfermos lo que los llevó a estudiar medicina y que si tienen luz para hacerlo están comprometidos con la salud.

Esto no fue una crítica a sus colegas ni un sermón.

Tampoco fue lo primero que dijo durante la entrevista ni al cierre, cuando generalmente los entrevistados hacen hincapié sobre aquellas cosas que quieren sean destacadas por el periodista.

Esta fue la respuesta a una de las tantas preguntas que le hicimos en representación de la gente que se pregunta: ¿Por qué algunos médicos no se conduelen? ¿Por qué no me quitan este dolor? ¿Por qué hacen chistes encima de mí cuando me está llevando quien me trajo”.

¿Quién fue que los trajo y quién se los quiere llevar?
Dice este reconocido neurocirujano, merecedor de seis condecoraciones por sus portes a la medicina, el deporte y la comunidad, que el dolor es lo que lleva a una persona a un consultorio y también lo que la devuelve a su casa sana y salva, porque si no siente nada después de un proceso quirúrgico se va a ir con quien la anda buscando.

En términos médicos esto significa, según nos explicó el doctor Puello, que también ha sido candidato a la vicepresidencia de la República por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) acompañando en la boleta al entonces candidato presidencial Miguel Vargas Maldonado, en 2008, que el dolor es necesario para saber qué pasa dentro del organismo y qué tan efectivo fue la cura aplicada.

Puello define este fenómeno de la salud, o sea, el dolor primario, como un alerta de que se puede sufrir mucho más, física o emocional, si no se revisa a tiempo qué está pasando dentro del cuerpo y se soluciona en el momento oportuno, aunque la misma solución genere otros dolores, e inclusive, otros problemas.

Este neurocirujano, que en sus 51 años de vida profesional ha intervenido cerca de 20 mil cerebros con diferentes afecciones, está convencido de que el ser humano es una máquina perfecta de la cual cada día se aprende más; que las ciencias médicas han avanzado bastante, pero que todavía falta mucho por hacer en términos de políticas públicas de salud.

Se define como un hombre con la ciencia en las manos, con Dios en el corazón y en la conciencia la responsabilidad de salvar vidas, siendo valiente al admitir que los médicos se equivocan, que en la medicina especializada hay poco margen de error en los diagnósticos, pero que en la atención primaria son comunes los casos que le han costado la vida a personas, producto de las deficiencias en la formación de los nuevos médicos y de las precariedades para atender lo más preciado del ser humano: la vida.

OBRA Y UN MOTIVO
La obra “Cuerpos y Almas”, que el doctor José Joaquín Puello cita como su motivación para especializarse en la neurocirugía, es una novela sobre la dureza y la crónica de la práctica médica en el siglo XX y un relato íntimo y metafísico, un encuentro del “yo” a través de periplo vital de los personajes.

Plasma una carencia de recursos económicos y materiales para el desempeño de la medicina, una pobreza extrema en la mayoría de la población que hacía que enfermasen y muriesen de manera alarmante, la falta de anestesia para muchas operaciones menores o la filosofía de la “sobrealimentación” como método curativo.

Además nos plantea el mundo médico desde una perspectiva política, corrupta, que funciona a base de oportunismos y que, en la mayoría de los casos, subsiste desde la precariedad humana.

EN DOBLE VÍA 
Usted dice que el dolor es necesario, pero hay una tendencia mundial a reducirlo. ¿Qué piensa? Si no existiera el dolor no habría médico. La gente va al médico cuando le duele o le molesta algo.

Ahora…, realizar los procedimientos cada vez con menos sensaciones fuertes para los pacientes es la tendencia, pero es peligroso porque no hay avisos de reacciones adversas o que ameriten mayores cuidados.

¿Cómo neurocirujano usted no quita el dolor?
Realmente el cerebro no duele como tal, sino la carne, la piel de la cabeza que lo bordea y las distintas partes del cuerpo a donde él envía la señal de que se debe acudir a un médico.

Yo realmente me sentí atraído por la medicina para ayudar a los enfermos a reducir sus molestias y angustias.

Mis padres querían que yo fuera maestro o empresario agrícola, pero mi inclinación fue siempre la medicina.

¿Qué le complace de su especialidad?
Mira, la vocación no es genética sino una conducta aprendida motivada por algo y a mí me motivó leer en mi adolescencia una obra de ficción sobre la vida un neurocirujano frente al campo de batalla en la primera Guerra Mundial. Se llamaba “Cuerpos y Almas”, del escritor holandés de Maxence Van Der Meersch. En el cerebro es que se encuentra el control del ser humano, la razón química, física y biológica científica de ser y me encantó saber sobre eso. Eso fue en 1950. Es que la inteligencia, el rendimiento, el manejo del corazón, las hormonas, todo lo controla el cerebro. Todos los médicos han estado apasionados por el cerebro humano.

¿Qué pasa cada vez que abre un cerebro?
Casa caso es diferente y es un reto. Operar un tumor en un episodio importante en la vida mía y de todo neurocirujano porque sacando una lesión puedes matar al paciente, pero al mismo tiempo tienes el compromiso defender las lesiones del cerebro humano porque en cada área hay una función necesaria del organismo. Realmente es una operación tan delicada que cada vez que la realizas sientes que es la primera vez.

¿Cuesta mucho aprender esto?
Se considera que uno nunca llega a conocer totalmente el cerebro. Todos los días uno se lleva una sorpresa, ve investigaciones nuevas, la verdad de hace 10 años es una mentira ahora, en fin. Yo cada día que pasa soy mejor médico porque obligatoriamente tengo que aprender algo: con los pacientes, con los estudios que realizo y con las investigaciones que se dan a conocer. Tengo ya cinco décadas leyendo, estudiando y practicand
o todo lo que sé y todavía me interesa saber más.

El colegio médico hará la rectificación médica. ¿Está usted de acuerdo? 
Claro. La mayoría de los estudiantes tienen ahora mayores oportunidades de capacitarse, de poner en práctica sus conocimientos y de utilizar las últimas tecnologías. En el mundo de la medicina todo el mundo tiene que saber mucho y cada día más para competir y para garantizar la salud de la gente.

¿Cuántos pacientes usted ha salvado y cuántos se les han ido? 
Yo he salvado a miles de personas, no sabría decirte cuántas. Entre una cirugía y otra debo andar por las 20 mil. Y algo que te voy a decir: los errores médicos nunca se olvidan. El mayor dolor de un cirujano es que un paciente se le haya ido, aunque algunos parezcan insensibles no es así, es cuestión de carácter personal, pero la verdad es que el mayor lamento de estos profesionales es no haber resuelto el problema al paciente y calmar su dolor. No obstante, reconozco que a muchos se les olvida la compasión y ese es el principio número uno de la medicina.

¿Cómo se hace un neurocirujano?
Tú puedes tener muchos estudios, dedicación, información y retener todo lo que te han dicho los profesores, pero el neurocirujano se hace en el quirófano. Las cirugías son las que les dan los matices a su experiencia profesional. Dominar un tema médico le puede tomar a un profesional de la medicina 30 ó 40 años, por eso son tan valiosas las juntas médicas en las que se discuten los casos y uno aprende del otro. En el Cenanot (Centro Cardio-Neuro-Oftalmológico y Trasplante), por ejemplo, nos reunimos todas las semanas y se discuten los casos. Yo le digo a los patólogos: Mira, lo que diagnosticaste no era, sino aquello y lo otro y así vamos aprendiendo todos.

¿Qué es lo más difícil de un neurocirujano?
La decisión de cuando parar. El momento en que el juicio médico te dice que debes parar porque si sigues le vas a ocasionar un daño al paciente y eso se aprende con los años. Uno de mis profesores decía que quien no mete una aguja en una lesión en el cerebro mete la pata y yo un día, en mis inicios, operando a un muchacho de un tumor resulta que ese no era el diagnóstico, sino un aneurisma. Como el diagnóstico que le hicieron era un tumor, yo lo comienzo a extirpar y no metí la aguja, como me dijo el maestro. Resultado: el paciente sangró y murió. Esta mañana operando yo a un paciente, mi ayudante me toca la mano izquierda con frecuencia y le digo: “no toques nunca la mano izquierda de un neurocirujano porque el instrumento puede caer en el cerebro y matarlo”. Eso sólo se prende con los años. FUENTE:Wendysantana/ListinDiario.

 

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