YO TRIPULÉ la avioneta que burló la seguridad de Trujillo…

NOTA: Este artículo fue escrito en la edición No. 24 de la Revista Ahora el día 15 de enero del año 1963. Escribió Sergio del Toro especial para Ahora.
El primero de julio del año 1960, al mediodía, un grupo de dominicanos en San Juan de Puerto Rico, comenzamos a darle forma a un vuelo que se haría en la noche sobre la capital de la República Dominicana y, una vez allí, lanzar volantes anunciado un supuesto bombardeo dentro de las próximas 48 horas e instando a que evacuaran la ciudad. A las 4 de la tarde me dirigí al sitio donde teníamos impresos los volantes. Me sentía un poco nervioso porque la aventura que iba a tener era muy arriesgada; pero el peligro me importaba un comino. Primero mi Patria libre aunque yaciera mi cuerpo bajo su tierra profanada y sojuzgada por el yugo del tirano.

Acomodamos los volantes en paquetes manuables. Los vi allí sobre una mesa, esperando para llevarlos al avión. Pensé en mi añorada tierra, en mi Quisqueya. Imaginé el vuelo y vi mil peligros, más nada me haría desistir en mi propósito.

Como a las seis, salí hacia el aeropuerto de Isla Grande de San Juan, con un amigo puertorriqueño. Américo López. López e prestó para hacerme compañía en el vuelo. Era un magnífico piloto y, además, poseía una vasta experiencia y yo la quería aprovechar. Llegamos al aeropuerto pocos minutos después de las seis y preparamos el avión echándole gasolina y aceite. Mientras tanto, el plan de vuelo que habíamos trazado me maravillaba fuertemente la cabeza. Algo me decía que era arriesgado, arriesgado…

Anunciamos a las autoridades puertorriqueñas que simplemente se trataba de un vuelo de placer alrededor de la isla de Puerto Rico y su vecindad. No hubo reparo alguno por parte de éstas.

Salimos cerca de las siete de la noche y pusimos rumbo a Mayagüez, en dirección opuesta a Santo Domingo aparentando que volábamos hacia Venezuela. Una vez alejados cambiamos de rumbo y nos acercábamos, cada vez más a la capital dominicana.

A las nueve de la noche íbamos directamente hacia Santo Domingo. A las nueve y cuarto divisamos las luces de la ciudad y entramos rasantes sobre el Malecón, entre el Auditorio Eugenio María de Hostos y el Hotel Paz, a 90 pies sobre el nivel del mar.

Inmediatamente tomamos altura a 300 pies y se redujo la velocidad para comenzar la tarea de arrojar los volantes. Esta tarea se desarrolló con un poco de dificultad. Mientras yo sostenía los controles, Américo López arrojaba los volantes; se le hacía difícil porque la ventanilla del avión era muy pequeña.

Dimos dos vueltas sobre la ciudad y todavía quedaban casi todos. Teníamos en mente no pasar de cinco minutos volando alrededor de Santo Domingo, para evitar que nos atacaran y nos derribaran los aviones del sátrapa Trujillo o nos dispararan desde la tierra; pero al no haber terminado decidimos seguir dando, sin importarnos el riesgo a que nos exponíamos.

Después que terminamos nos dirigimos rumbo a Venezuela, dando un viraje hacia Puerto Rico a los 15 minutos.

Mantuvimos apagadas las luces del avión durante todo el trayecto. Pensábamos que los aviones del sátrapa saldrían en nuestra búsqueda. Al avistar las luces de Mayagüez fue entonces cuando nos consideramos fuera de peligro.

Al llegar a San Juan de Puerto Rico las autoridades aduaneras nos estaban esperando. Pensaban que habíamos salido a las islas adyacentes en busca de mercancía o cualquier otra cosa para introducirla en el territorio como contrabando. Bajamos del avión… empezó el registro total del aparato ¡Y qué grande fue la sorpresa! Sólo encontraron sobre el piso algunos volantes sueltos. No tipificaron de inmediato a la policía federal y quedamos bajo arresto.

Luego de una minuciosa investigación por parte de la Policía Federal, que duró hasta las cinco de la mañana, nos dejaron en libertad. Consideraron que no había delito en la empresa realizada.

Después de la noche del vuelo tuvimos noticias desde Santo Domingo, que los aviones del dictador Trujillo habían levantado vuelo en busca de nosotros mientras nos dirigíamos a Puerto Rico; pero el sistema de vuelo rasante que efectuábamos, tanto a la ida como al regreso no les dio esa oportunidad.

Los exiliados dominicanos residentes en Puerto Rico, trataron, en su mayoría, de hacer creer por la radio a la opinión pública, que nuestra hazaña era un truco más de los Trujillo, porque había sido una aventura imposible.

En aquel tiempo, el procurador general de la República, Cabral Noboa o Luis Suero, dio la noticia a la prensa internacional. Dijo que nuestro vuelo se había hecho con el objeto de lanzar marihuana y que habían capturado a un tal Aldo Soler en el momento en que recogía los paquetes conteniendo marihuana, lanzados desde el avión.

Mi compañero de aventura, Américo López, salió con un amigo suyo hacia Miami en viaje de negocio y los derribaron frente a la costa norte de la isla de Santo Domingo, entre Puerto Rico y la Isla Gran Inagua. Su desaparición ha quedado en un profundo misterio. Así murió Américo, cuando menos esperaba la muerte. Mi agradecimiento para este puertorriqueño, compañero mío y amigo de la causa dominicana.

También debo agradecer, por la realización de esta empresa, la cooperación que nos brindó el dominicano Manolo Bordas.

Dos hombres, un puertorriqueño y un dominicano, nos lanzamos a esta peligrosa aventura para demostrar a los pueblos de América que Trujillo no era tan invulnerable como entonces se creía. ¡Y lo conseguimos!

PANFLETO QUE TIRARON DESDE LA AVIONETA…

Comments

Powered by Facebook Comments

2 comments

  1. The man in this article is my father… he passed away in 2004. He was a remarkable man.

  2. The man in this article is my father… he passed away in 2004. He was a remarkable man.

Leave a Reply

Your email address will not be published.