LECTURA SABATINA: EEUU objetó inicialmente candidatura de Trujillo…

NUESTRA HISTORIA RECIENTE. -La candidatura presidencial del brigadier Rafael L. Trujillo fue objetada en 1930 por los diplomáticos norteamericanos que mediaron en las negociaciones habidas tras el derrocamiento del presidente Horacio Vásquez.
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De acuerdo con el punto sexto del entendido que puso fin a la situación anormal originada por el golpe del 23 de febrero, había una restricción para Trujillo en su aspiración a la Primera Magistratura.

El convenio había sido suscrito el 27 de febrero, entre el presidente provisional, licenciado Rafael Estrella Ureña, y el ministro norteamericano Charles B. Curtis.

El texto del preindicado punto sexto establecía lo siguiente: No habrá restricciones con respecto a los candidatos, salvo que ni Alfonseca ni Trujillo podrán serlo.

Está bien claro que ese impedimento se hizo extensivo al ex vicepresidente, doctor José Dolores Alfonseca, como un medio de no ofender tan directamente con una exclusión única al ambicioso brigadier Trujillo.

Según se verá más adelante, todo parece indicar que mientras la restricción en cuanto a Alfonseca fue sugerida por Estrella Ureña, la objeción en cuanto Trujillo fue por iniciativa de Curtis.

Como asunto de delicadeza personal, Estrella Ureña no deseaba aparecer insistiendo en el descarte de Trujillo, para que a su requerimiento no se le atribuyera un interés propio.

Pero lo cierto es que el 18 de marzo el ministro Curtis había cablegrafiado al Departamento de Estado para exponerle que Estrella Ureña le pedía que los Estados Unidos hicieran saber públicamente que no reconocerían a Trujillo como presidente, todo esto en cumplimiento del acuerdo del 27 de febrero.

No deseaban militar…

La negativa de los Estados Unidos a aceptar un militar como futuro sucesor del presidente Vásquez se vio reiterada en posteriores instrucciones transmitidas a Curtis por el Departamento de Estado norteamericano.

A Curtis se le recomendó inducir a Trujillo a que retirara su candidatura y a que se limitara a seguir siendo jefe del Ejército. Así lo explica Jesús de Galíndez en su obra La Era de Trujillo.

Todavía en los comienzos de abril, el Departamento de Estado se mostraba renuente a apoyar las aspiraciones presidenciales del brigadier Trujillo.

Para esos días el ministro dominicano en Washington, señor Rafael Brache, se había entrevistado con el secretario de Estado norteamericano en funciones, sin obtener una respuesta positiva.

Fue en su entrevista del 23 del mismo abril cuando el ministro Brache recibió las seguridades que gestionaba según lo demuestra el hecho de que al siguiente día lanzó Trujillo desde Montecristi el memorable manifiesto en que aceptaba su postulación.

Antecedentes…

A esta altura se preguntará en el hecho de que ayer, como hoy, los Estados Unidos han actuado dentro de un patrón que los presenta como inclinados a decidirse por el bando que a la postre demuestre ser el más fuerte o el de mayores posibilidades de triunfo. Y esa comprobación la hicieron fácilmente los emisarios del presidente Hoover en el caso de Trujillo.

Precisamente porque los Estados Unidos actuaron aquella vez como fuercistas, en las instrucciones que se le habían transmitido a Curtis estaba la advertencia de que, al invitar a Trujillo a desistir de su postulación, se evitaría ofenderlo personalmente, a fin de contar con su amistad en el caso de que fuera elegido presidente.

Esta advertencia evidencia porqué se decidieron a apoyar a Trujillo desde el momento que se persuadieron de que el brigadier contaba con no escaso respaldo en los sectores civiles y militares.

Misión de Cutts…

La mejor comprobación acerca del poderío militar de Trujillo la hizo el oficial norteamericano a quien el Departamento de Estado comisionó para hacer desistir de su afán presidencialista al brigadier dominicano.

Se tiene entendido que esta misión estuvo a cargo del coronel Richard M. Cutts, un antiguo amigo de Trujillo que fue comandante de la Policía Nacional Dominicana.

La entrevista de Trujillo con el enviado de Washington se llevó a cabo presumiblemente en Dajabón.

El caso se lo refirió el propio Trujillo 30 años más tarde al general Arturo R. Espaillat, quien consigna la anécdota en su obra Trujillo, el último de los Césares.

Relata Espaillat que en 1960 Trujillo le confió que el no identificado comisionado militar le dijo en 1030 que tenía instrucciones del Departamento de Estado para pedirle que desistiera de su propósito de postularse.

Agregó el tirano, según Espaillat, que su respuesta fue que no abandonaría su propósito.

Dicho esto, el coronel contempló por un momento las ametralladoras de los miembros de la escolta de Trujillo y le preguntó a éste, señalando las armas, ¿tienes muchas de esas? Sí, le respondió el brigadier. Tengo bastante.

Esa sola revelación fue suficiente, continúa relatando Espaillat, para que el coronel le expresara: Pues, bien. No repita lo que voy a decirle. Siga el camino, que todo le irá bien.

Como se ve, y como una conclusión paradójica, el ametralladorismo de Trujillo fue suficiente aquella vez para vencer los momentáneos escrúpulos antimilitarista del Departamento de Estado que reconocería oficialmente al futuro tirano tres semanas antes de su toma de posesión presidencial. NOTA: Este artículo fue escrito en la Revista Ahora del 14 de mayo de 1973 bajo la firma del periodista Agustín Concepción.

 

 

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