EN DEFENSA DEL GATO BARCINO (Gato Viralata)…

ALCARRIZOSDIGITAL.NET.- He aquí tres aspectos de las características del gato barcino. Agresivo, enseña los colmillos a un perro imaginario. El gato se enfrenta con valentía a perros de mayor envergadura que la de él; les clava las garras, se retira, y los escupe con inaudito desprecio; luego huye con táctica de guerrillero.
OIGA AUDIOVÍDEO AQUÍ…

Con los ojos fijos en un punto. El gato, que dormitaba un segundo antes, se despierta bruscamente y pone alerta sus seis o siete sentidos.

El gato barcino es un gato injustamente olvidado. Su color hermoso y viril, ha venido a ser una especie de estigma. Este gato proletario sufre el desprecio de todos. Cuando se acerca a la gente lo hace con lento paso, desconfiado y huraño, porque suelen gritarle un ¡zape gato! Dicho con ronca voz imperativa, anuncio colérico de que la violencia ha llegado. Todos espantan a este gato de triste destino.

El gato barcino es incomparablemente superior al gato de angora, tan apreciado por las damas de la buena sociedad. El gato de angora es un aristócrata de alfombra de debilísimos instintos, que no caza, que se mueve poco, víctima de una haraganería infinita. La cola hipertrofiada del gato de angora es como un lastre biológico. Anclado en la decadencia por culpa de esa cola, el gato de angora no puede emprender ninguna aventura. Este gato valetudinario, aquejado de males del estómago, vomita a cada momento, arrastrando una existencia de recluso. Si no fuera por el esnobismo de las viejas ricas y hastiadas, su vida incolora terminaría en el hospicio.

En cambio, el gato barcino, de noble y atlética figura, es un príncipe de los tejados. Su agilidad, destreza y pujanza lo hace caudillo de su especie. Los otros gatos de los techos, blanco, negros, castaños, berrendos, respetan al de color barcino y forman tras él, pandilla de ruidosos juerguistas.

El barcino lanza al asalto su falange de gatos con venatorio entusiasmo, a la conquista de placeres y botín. Amilcar Barca, el gran guerrero cartaginés, bautizó con el nombre de Barcino a la ciudad que hoy se llama Barcelona. Este es un honor que insufla fiereza en el alma del gato barcino, y le empuja hacia empresas de coraje y astucia.

Yo no sé por qué ningún fabulista ha visto al gato bajo el aspecto de gran capitán, invasor y heroico, lleno de bélicos humores, pero sentimental, dolido y amoroso. La zorra se ha convertido en símbolo de la sagacidad; la abeja es algo así como el trabajo mismo; para expresar la fidelidad constante, no se habla de Penélope; se dice. Fiel como un perro.

Al gato común se empeñan en verlo bajo la especie de ladrón vulgar, y yo sé que es en realidad un corsario romántico que saquea por necesidad, por estrechez económica. No tiene, como el gato de Angora, la comida servida en una escudilla de plata. Eso lo autoriza a buscarse el sustento por todos los medios. El derecho moderno, reconociendo la primacía de la vida, y con cristiana caridad, exonera de pena el robo por familia.

El águila es un ave de rapiña, óigase bien, de rapiña, y sin embargo le han revestido con el manto de púrpura, símbolo de dignidad soberana, de imperio, de mando. Hay águilas en el escudo de muchas naciones, quieren decir que ésas naciones aceptan y estiman el derecho de conquista. Pero el gato ha tenido mala suerte y pocos apologistas.

El gato barcino, acostumbrado a dirigir incursiones, al llegar a la edad adulta está habituado a la piratería y entonces roba alegremente, con una frivolidad deportiva. La repulsa de la sociedad es causa de su postrera delincuencia. Pero eso es, también, excusable. Quien habita un pantano, por fuerte y sano que sea, finalmente contrae paludismo.

De la fullería del gato es responsable la sociedad que lo somete a una vida insegura y trashumante. En fin, no hay razones sólidas que justifiquen la inferioridad del gato, y lo hagan deleznable. Lo que pasa es que el águila la contemplamos siempre en lo alto, lejos de nosotros, inasequible como un ideal. Conserva la distancia lejana que requiere el romanticismo. Por eso la imaginación surca el firmamento con poderoso batir de alas, como consiente de su propia libertad. Olvidan que el águila revolotea agorera sobre los náufragos y espera pacientemente a que sean carroña para devorarlos. El gato vive tan pegado al mundo, es tan familiar su presencia y tan cercana, que no podemos atribuirle excelsas virtudes. Lo que vemos todos los días termina por sernos indiferente. Nos es duro creer que por nuestro vecino de al lado sea un genio o un apóstol. La iglesia canoniza sus santos muchos años después que han muerto, para así desleír sus debilidades humanas en un remoto pre pretérito que admita la ensoñación y el mito.

Yo no puedo resistir que se hable mal de los gatos. Les he oído en la noche cantar trovas de amor por una gata esquiva, con tanta dulzura y erótica nostalgia, que he sentido en mi la magia la pena de ellos. Los gatos son pudorosos. Tanto, que, a la hora de hacer el amor, se ocultan temerosos de ser sorprendidos. Al llegar la noche, la sombra les ayuda a vencer su patológica timidez. El gato es un amiel de las azoteas, que ve horrorizado la desfachatez del perro en cuestiones sexuales.

Entre las muchas habilidades del gato barcino, está la de que sabe dirigir orquestas. No hay persona que no haya escuchado las voces gemebundas de los gatos entonando a cantos elegíacos. Los maestros cantores de las techumbres, noctámbulas que lloran sus desesperanzas, a veces declaman plegarias y repiten salmos.

El gato barcino es un juglar pronto a batirse por el amor de una gata tricolor. Los gatos se revuelcan en jadeante lucha, se clavan las garras y los dientes, y ruedan trenzados como bolas de pasión. A veces caen de lo alto sobre un techo de zinc, co tal ruido, que los niños despiertan y los mayores salen a ver si ha caído un bólido en el patio. Pero los gatos no sólo celebran duelos por amor, no solo burlan amas de casa robándoles un trozo de tocino. Los gatos son capaces de honrar a sus muertos en austeros funerales.

En Santo Domingo, la llegada del Circo Brasil, es una fecha luctuosa en el mundo de los gatos. Centenares de gatos fueron recogidos y vendidos al empresario del circo para a los leones. La carne clásica y limpísima de los gatos bohemios sirvió de alimento a las fieras malolientes.

Todas las noches brigadas de estos impíos mercaderes recorrían la ciudad en busca de los gatos fugitivos. Fue una campaña de exterminio que cayó como una maldición sobre la grey gatuna. Los gatos son tristes a causa del maltrato que reciben. Su melancolía sube de punto al ver los privilegios de que goza el gato de angora. Pero la matanza fue un mazazo dado encima de su habitual desgracia. Por eso los gatos están desilusionados.  No se encariñan fácilmente porque se han hecho escépticos a fuerza de sinsabores.

Hay noches en que los gatos detienen sus correrías, noches en que el barcino prohíbe el devaneo amoroso y el hurto. Son noches de meditación en que rezan novenas, se hacen oraciones fúnebres por tantos gatos ilustres muertos en la tragedia del circo de Brasil. Es el día de las lamentaciones. Se conmemora la terrible San Bartolomé en la que perecieron los barcinos más sabios en materia de guerra y de gobierno.

EL GATO BARCINO NO ES DE RAZA PURA COMO LOS DE ANGORA. ES LA MEZCLA DE VARIAS RAZAS GATUNAS, LO QUE VENDRÍA A SER EL PERRO VIRALATA O REALENGO COMO DECIMOS EN REPÚBLICA DOMINICANA, PERO ES CARIÑOSO, JUGUETÓN Y TAN DOMÉSTICO COMO EL DE ANGORA. SI USED LO SABÍA, RECUÉRDELO. SI NO LO SABÍA, ANOTELO. FUENTE. ESTE ARTÍCULO FUE ESCRITO EN LA REVISTA AHORA NÚMERO 64 DE FECHA 20 DE JUNIO DEL AÑO 1964, POR EL ESCRITOR COSTUMBRISTA FEDERICO HENRÍQUEZ Y GRATERÓ, galardonado en varias ocasiones con premios de literatura y ensayos.

 

 

Comments

Share