La galleta de Trujillo al escritor; un sicario disparó…

El relato de esta semana corresponde al siempre controversial –y más claro que el agua–  Félix Jiménez (Felucho), que aclara sobre palabras que políticos, historiadores, periodistas ponen en boca del profesor Juan Bosch y que él nunca dijo: es el caso de “borrón y cuenta nueva” o que dizque se opuso a la reelección como un tema de ideología.
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Antes de entrar a ese relato, estoy en la obligación, por las pasiones que despierta el “trujillismo”, de tomar por lo menos un comentario de tantos que me hacen sobre  el anterior artículo “Trujillo mató a mi papá el día de mi cumpleaños” sobre la muerte de Marrero Aristy. El periodista Felipe de Jesús, que trabajó por más de nueve años en el Archivo General de la Nación (AGN), nos dice que la versión que ofrecemos sobre el asesinato del escritor es la más creíble.

Y Felipe añade que, durante el interrogatorio, Trujillo, muy acalorado y molesto, “le dio una galleta a Marrero Aristy” y que este se metió la mano en uno de los bolsillos para sacar un pañuelo y secarse el sudor; pero uno de los esbirros trujillistas, Policarpio Soler, creyó que iba a sacar un arma y lo mató.

Tomemos en cuenta que para los hombres de esa época era un deshonor que a una persona le dieran una galleta: una ofensa tan grande que preferían que los mataran. Un hombre mataba a otro por una galleta. Hagamos un ejercicio mental y trasladémonos a ese momento y veamos lo impotente que se sentía Marrero (que era muy valiente) al recibir una bofetada de otro hombre sin poder defenderse.

Felipe explica que Marrero era secretario de Trabajo y un intelectual de la misma categoría de Américo Lugo o Fernando Arturo Logroño.

“Déjalos en el zafacón de la historia”

Ese título fue sacado de una frase que le dijo el profesor Juan Bosch a unos de sus hombres de confianza, Félix Jiménez, cuando iba a escribir un libro con algunos conceptos que, en cierto modo, exculpaban a los firmantes del golpe de Estado. Jiménez ofreció una charla en la sede de la Casa Nacional del PLD (Partido de la Liberación Dominicana) con motivo del 109 aniversario del nacimiento de Bosch.

Contó que don Juan como Presidente dio una muestra de civismo incomprendido para los jefes militares. Citó la vez que le entregaron un informe diciéndole que el “comunista (agitador) de Manolo” (Manuel Aurelio Tavárez Justo) iba a realizar una charla en la sala capitular de Dajabón. Después de mucha insistencia para que reprimiera y evitase el encuentro del principal dirigente del 14 de junio, Bosch le respondió: “las ideas se combaten con ideas”.

Por detalles como esos es que Felucho explica que se encontró en una finca de San Cristóbal con un general de los golpistas, Salvador Montás Guerrero, y que al pedirle el motivo de por qué apoyó el golpe, respondió que cómo iban a entender ese hombre con ideas tan avanzadas, si nacieron y se desarrollaron en el oscurantismo de una dictadura.

Jiménez se planteaba incluir detalles como ese en su libro titulado: “¿Cómo Fue el Gobierno de Juan Bosch?”.  Al consultar a Bosch, este se opuso diciéndole: “Déjalos, Felucho, que se queden condenados en el zafacón de la historia”.  El libro es una excelente radiografía de ese gobierno, juramentado el 27 de febrero de 1962 y depuesto por un golpe de Estado siete meses después.

Al ser la charla basada en el pensamiento de Bosch y su honradez, Felucho decía frases como la siguiente: “es mejor vivir dignamente en la pobreza y no como un sinvergüenza en la opulencia”.

Criticó que hay funcionarios del gobierno que llaman a una licitación pública sobre la contratación de obras o servicios, pero lo considera como una burla porque “todo está amarrado porque el que hizo la ley, hizo la trampa: porque tenemos tramposos entre nosotros”.  Jiménez afirma que “negar eso (que hay corrupción en el Gobierno), es negar a Bosch”.

Negó que Bosch haya pronunciado la frase que se le atribuye a su llegada al poder: “borrón y cuenta nueva”; y desafía a que le muestren un libro, artículo, fílmica, discurso en que diga eso. Narró que, a su llegada al país, luego de su prolongado exilio, lo que dijo fue que los dominicanos no podían vivir como la “hiena, dándole la vuelta al odio”; sino que debía haber reconciliación entre todos los sectores, incluyendo los trujillistas, a fin de echar el país hacia delante.

Su discurso progresista-conciliador contravenía con “los cívicos” (Unión Cívica Nacional), liderado por Viriato Fiallo, que hostigaban los trujillistas y querían que fuesen encarcelados o expulsados del país.

La reelección

Negó que Bosch fuese anti-reeleccionista, sino que era “anti-continuista”, enemigo del que se cree un líder mesiánico, es decir, que nadie lo puede sustituir.

 

Desde el poder, según Jiménez, don Juan dio muestra de humildad, nunca se endiosó: no usaba la banda presidencial, no andaba en “carros pescuezos largos”, es decir, lujosos. Una vez hubo una escasez de arroz y él fue solo acompañado de un coronel de su seguridad al mercado de la avenida Mella a hablar con los “marchantes” sobre la escasez de los productos y sus precios.    Al pedírsele un detalle especial de Bosch, Felucho siempre repite lo mismo: su impecable coherencia de pensar, hablar y hacer lo mismo sin variación. FUENTE. Robert Valenzuela. RELATOS CORTOS Y LISTÍNDIARIO.COM

 

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