¿Somos mejores recordando nombres o caras?

Con la temporada de la fiesta de Navidad acercándose rápidamente, habrá muchas oportunidades para revivir lo familiar, y extremadamente insoportable situación social de no poder recordar el nombre de un conocido.

Esta experiencia tan valiosa lleva a muchos a creer que son terribles recordando nombres; pero una nueva investigación ha revelado que esta intuición es engañosa; en realidad, somos mejores recordando nombres que caras.

Los autores del estudio, de la Universidad de York, en Reino Unido, sugieren que cuando nos castigamos a nosotros mismos por olvidar el nombre de alguien, estamos imponiendo demandas injustas a nuestro cerebro. Recordar el rostro de una persona en esta situación se basa en el reconocimiento, pero recordar su nombre es una cuestión de memoria, y ya está bien establecido que los seres humanos son mucho mejores en el primero que en el segundo.

Los investigadores también señalan que solo nos damos cuenta de que hemos olvidado un nombre cuando ya hemos reconocido la cara. Rara vez tenemos que enfrentarnos al problema de saber un nombre, pero no a una cara: permanecer felizmente inconscientes de las innumerables caras que deberíamos reconocer, pero que pasamos por alto directamente por la calle.

Para el estudio, los científicos diseñaron una “prueba justa”, enfrentando nombres con caras en un campo de juego. Establecieron un experimento en el que se demandara por igual la habilidad de los participantes de recordar caras y nombres al probar ambas en un juego de reconocimiento. Los resultados mostraron que los participantes obtuvieron puntajes consistentemente más altos al recordar nombres que caras, reconociendo tan solo el 64 por ciento de las caras y hasta el 83 por ciento de los nombres en las pruebas.

El doctor Rob Jenkins, del Departamento de Psicología de la Universidad de York, dice: “Nuestro estudio sugiere que, aunque muchas personas pueden ser malas para recordar nombres, es probable que sean aún peor al recordar caras. Esto sorprenderá a muchas personas como contradice nuestra comprensión intuitiva. Nuestras experiencias de vida con nombres y caras nos han engañado acerca de cómo funcionan nuestras mentes, pero si eliminamos los dobles estándares que estamos colocando en la memoria, comenzamos a ver una imagen diferente”.

MÁS PROBLEMAS CON EL RECONOCIMIENTO DE CARAS DESCONOCIDAS

Para el estudio, se dio a los participantes un periodo de tiempo asignado para memorizar rostros y nombres desconocidos y luego se les hizo una prueba sobre cuáles creían haber visto antes. Posteriormente, los investigadores repitieron la prueba, pero esta vez complicaron el experimento mostrando a los participantes diversas imágenes de las mismas caras y los nombres en diferentes tipos de letra. Esto fue para hacer que la prueba fuera lo más realista posible, ya que las caras reales aparecen de manera ligeramente diferente, debido a factores como la iluminación y el peinado, cada vez que los ves.

En promedio, los participantes reconocieron el 73 por ciento de las caras cuando se muestra la misma foto y el 64 por ciento cuando se les enseña una foto diferente. Por otro lado, reconocieron el 85 por ciento de los nombres presentados en el mismo formato y el 83 por ciento en diferentes fuentes y tamaños. Cuando los autores presentaron rostros y nombres de personas famosas, los participantes lograron una puntuación mucho más equilibrada, reconociendo más o menos el mismo número de rostros que nombres.

Los resultados muestran que somos particularmente malos en el reconocimiento de caras desconocidas, pero incluso con caras y nombres que hemos encontrado antes, todavía no somos mejores en el reconocimiento de caras que de nombres en ningún momento. El doctor Jenkins agrega: “Conocer la cara de alguien, pero no recordar su nombre es un fenómeno cotidiano”.

“Nuestra reacción instintiva a esto es decir que los nombres deben ser más difíciles de memorizar que las caras, pero los investigadores nunca han podido encontrar una explicación convincente de por qué podría ser. Este estudio sugiere una solución a ese problema al mostrar que en realidad es una pista falsa”, concluye el autor de este trabajo, que se publica en ‘Quarterly Journal of Experimental Psychology’. FUENTE. EUROPA PRESS. Madrid

 

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