HISTORIA RECIENTE: Bosch sabía que lo iban a derrocar. AUDIO…

SANTO DOMINGO, RD.- Dieciocho años después de su derrocamiento, Juan Bosch afirmó que el golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963, no fue planeado ?pero hubo que darlo para salvar al presidente norteamericano John F. Kennedy, de un escándalo internacional, porque había ordenado organizar campamentos guerrilleros en el territorio de un Estado amigo, ocultándole esa actuación al jefe de ese Estado.

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Bosch se refería a unas actividades llevadas a cabo por grupos de guerrilleros haitianos, comandados por el ex general León Cantave, en la zona de Sierra Prieta, con el propósito de derrocar al gobierno de Haití, presidido por el dictador Francois Duvalier, según reseñó en esa ocasión el diario El Caribe.

Contrario a esa afirmación, creo que el golpe de Estado se venía planeando desde hacía varios meses y el propio Bosch lo sabía. Virgilio Gell, quien trabajó en la seguridad de Bosch y fue uno de sus asistentes, a quien éste le aplicó el ?paredón moral? por supuesta corrupción, me reveló que a Bosch los servicios de seguridad integrados por civiles, le tenían informados sobre los movimientos conspirativos contra el gobierno y no le daba la importancia necesaria, excepto cuando ordenó la cancelación del mayor de la Fuerza Aérea, Rolando Haché y del capellán de esa institución Marcial Silva. El vice presidente de la República, durante el gobierno perredeista, doctor Segundo Armando González Tamayo, reveló años después del golpe, que Juan Bosch le habría dicho que no se hiciera ilusiones en el cargo, porque no durarían mucho en el poder y su pronóstico ocurrió siete meses después de su juramentación, con la presencia en el país del almirante naval norteamericano William Ferrall, jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, con asiento en Panamá, quien llegó a las una y 30 de la tarde del día 23 de septiembre, dos días antes del golpe, por la Base Aérea de San Isidro y se marchó 10 horas después del golpe  militar.

En la noche del 24 de septiembre, Ferrall había sostenido una amena conversación con el presidente Bosch, durante una recepción que las Fuerzas Armadas le dedicaron al alto oficial en el club de oficiales, ubicado en ese entonces en el Centro de los Héroes. El mandatario estuvo acompañado por el Secretario de las Fuerzas Armadas, general Víctor Viñas Román, del comodoro Julio Rib Santamaría, jefe de la Marina de Guerra, del Secretario de Agricultura, Antonio Guzmán, quien llegaría a ser Presidente de la República, quince años después, y del embajador norteamericano John B. Martin, entre otras personalidades. Yo estaba presente durante ese acto social. Tenía 20 años de edad y era redactor político del diario El Caribe y cubría también la fuente del Senado de la República. Conversé con Bosch acerca del cierre de algunas estaciones de radio y de la televisora Rahintel, así como por la detención de algunos empleados y de los comentaristas Rafael Bonilla Aybar y Tomás Reyes Cerda, ya fallecidos.

El mandatario me dijo que creía que las emisoras estaban cerradas porque creía que no pagaban la luz. El cierre había sido dispuesto por haberse iniciado por estas emisoras, un llamado al comercio para realizar un paro el día 20, convocado por una denominada Acción Dominicana Independiente y un Frente Anticomunista, grupos de la derecha cuyos principales dirigentes eran los señores José Andrés Aybar Castellanos, Enrique Alfau, Aquiles Rodríguez, el poeta Antonio Frías Gálvez, entre otros ciudadanos.

El paro duró dos días. Después de Bosch conversar por espacio de 40 minutos con el almirante Ferrall y sus acompañantes, con militares y funcionarios de su gobierno, optó por marcharse de la recepción. Le seguí hasta el ascensor y cuando se disponía entrar le pregunté, por respeto, que si podía publicar lo que habíamos hablado y me contestó con una sonrisa: ?Víctor, no todo lo que se habla con un periodista como amigo, se puede publicar?. Deduzco que no quería que esto saliera a la luz pública porque nadie lo iba a creer.

Durante ese martes 24 Día de las Mercedes, los rumores de golpe de Estado circularon por todo el país. También el día 14 cuando Bosch viajó a México por la Base Aérea de San Isidro, ocasión que aproveché para entrevistar al general Renato Hungría, jefe del Ejército Nacional, con quien yo tenía buena amistad. El alto oficial me puso su mano derecha sobre mis hombros y declaró: ?Aquí no habrá golpe de Estado?. A los once días después, el general Hungría era de los primeros firmantes del comunicado que las Fuerzas Armadas dirigieron al país para justificar el atentado al orden constitucional.

Bosch también habló antes de abordar el avión y dirigiéndose a los pocos periodistas que estábamos allí para cubrir su salida, bromeó diciendo: ?Espero que no me apliquen el refrán de que quien va a Sevilla pierde la silla?. Y la perdió ocho días después a su regreso al país. Tres horas antes del golpe de Estado, producido alrededor de las 2 y 15 de la madrugada del 25 de septiembre, volví a hablar con el Presidente Bosch, pero esta vez por teléfono, cuando lo llamé a su residencia ubicada en la avenida López de Vega. La llamada la hice por recomendación de Rafael Molina Morillo y Francisco Comarazamy, director y jefe de redacción de El Caribe, respectivamente, para que le leyera a Bosch un cable llegado por teletipo al periódico y firmado por el periodista Hall Hendrix, en donde éste aseguraba que la democracia dominicana peligraba y que tal vez no llegaría a fin de año. Molina me sugirió preguntarle a Bosch cuál era su opinión. Después de leerle íntegramente el cable, el Presidente Bosch me contestó de inmediato ?Publíquenlo? y me dio las buenas noches. Fue la última vez que conversé con Bosch y creo que fui el último periodista que habló con él siendo Presidente Constitucional de la República, porque   a pocas horas fue despojado del poder y detenido en el Palacio Nacional, tal vez evocando aquellas célebres palabras que dijo en México: ?Fui elegido para gobernar de acuerdo con unos principios que estuve predicando diariamente y no voy a mantenerme en el Poder, de ninguna manera, si tengo que hacer abandono de esos principios.

Considero que el Poder ya no será un instrumento para servir a mi pueblo?. Y cumplió sus palabras. Carta al pueblo dominicano después del Golpe de Estado de 1963 El Presidente de la República Dominicana. Al Pueblo Dominicano. Escribió Bosch. Ni vivos ni muertos, ni en el poder ni en la calle se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta. Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a los privilegios, al robo, a la persecución, a la tortura. Creemos en la libertad, en la dignidad y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas, pero también con justicia social.

En siete meses de gobierno no hemos derramado una gota de sangre ni hemos ordenado una tortura ni hemos aceptado que un centavo del pueblo fuera a parar a manos de ladrones. Hemos permitido toda clase de libertades y hemos tolerado toda clase de insultos, porque la democracia debe ser tolerante; pero no hemos tolerado persecuciones ni crímenes ni tortura ni huelgas ilegales ni robos porque la democracia respeta al ser humano y exige que se respete al orden público y demanda honestidad.
Los hombres pueden caer, pero los principios no. Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática.
La democracia es un bien del pueblo y a él le toca defenderla. Mientras tanto, aquí estamos, dispuesto a seguir la voluntad del pueblo. Juan Bosch. Palacio Nacional. 26 de septiembre, 1963.

NOTA. Esta carta, reproducida por Santiago Estrella Veloz, en su libro ?Tres maestros de la política, y que él tomó, según dijo, de ?Juan Bosch. Un hombre de Siempre, exposición iconográfica Comité Pro-Homenaje a Juan Bosch, 30 de junio 1989?. Tengo entendido que esta histórica carta le fue entregada a Fabio Herrera Cabral, entonces viceministro de la Presidencia, por el propio Bosch, estando detenido en el Palacio Nacional, tras su derrocamiento. (V. Mármol). FUENTE. Artículo publica en el periódico Hoy de fecha 29 de agosto del 2013, calzado con la firma de Víctor A. Mármol.

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