El difícil arte de comprender…

FILOSOFANDO UN POCO.- He estado un poco enganchada con una frase de la filósofa Hanna Arent de su libro: “Un informe sobre la banalidad del mal” donde describe el juicio a Adolf Eichmann por el genocidio contra el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial.
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Además, fue acusado de crímenes contra la humanidad y de pertenecer a un grupo organizado con fines criminales. Arent, quien fue muy atacada por esta recopilación de artículos, decía que ella intentaba “comprender” a Eichmann y fue entonces cuando dijo la famosa frase: “Comprender, no significa perdonar”.

En la tranquilidad y en mis silencios me he preguntado, qué quiso decir Arent con “compender” y, como estudiante de filosofía, qué aporta a mi cosmovisión. Empecé por buscar la diferencia entre “entender y comprender” y leí que la palabra entender quiere decir percibir el significado de algo, aunque no se comprenda. Mientras que comprender es hacer propio lo que se entiende y, por lo tanto, actuar en consecuencia. Arent necesitaba no entender por qué ese hombre actuó como lo hizo; necesitaba ir más allá: le urgía poder “comprender”.

Desde mi visión, aun limitada de las cosas, pienso que para poder aligerarnos en este viaje de la vida es necesario aprender a comprender, ya que desde esa actitud podemos observar y descubrir qué hace que una persona se comporte de tal o cual forma, incluso qué nos hace a nosotros mismos tener ciertas actitudes frente a un hecho. No se trata de que les justifiquemos, sino que necesitamos tomar conciencia de ello.

Comprender es una forma de interiorizar que culmina con el estado de lucidez que nos permite pasar a la acción, y hasta poner punto final a eso que tanto nos fastidia. Cuando comprendes haces un proceso de creación mental y partes de datos, es decir, que no es un proceso pasivo, al contrario, exige actividad, por ejemplo: hay que aislar, identificar, relacionar, estudiar cultura, la sociedad, es verlo todo de una forma holística, es como si nos quitáramos el traje de quienes somos y comenzáramos a entrar en las profundidades de ese “otro”. Un ejercicio muy difícil, pero no imposible.

Ahora que está finalizando el año y comenzamos a proponernos metas, sería bueno que pensáramos en hacer el ejercicio de comprender, porque en la medida que “estudiamos” el porqué de las cosas, no solo se convierte en un acto de liberación, sino hasta de responsabilidad. Comprender nos hace empáticos y empáticas, y por ende en seres más justos.

Culmino con un párrafo del “Libro del desasosiego” Fernando Pessoa (edición 1982), : “Para comprender, me destruí. Comprender es olvidarse de amar. No conozco nada más al mismo tiempo falso y significativo que aquel dicho de Leonardo da Vinci de que no se puede amar u odiar una cosa sino después de haberla comprendido”. FUENTE. SYLVANA MARTE Y Listíndiario.com

 

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