El rey que quería escoger al más sabio de sus súbditos para primer ministro

rey8Cuando el escrutinio llegó a los tres últimos, les puso la última prueba. Los colocó en una habitación de palacio en cuya puerta había instalado un cierre complicado. El primero que consiguiese abrir la puerta, sería el elegido.

Uno dibujó cantidad de esquemas de las más ingeniosas cerraduras para ir probando una tras otra. Otro se dedicó a fórmulas matemáticas para averiguar la combinación del candado. El tercero esperó un rato sentado en una silla mientras los otros dos trabajan, luego se levantó, se dirigió a la puerta, le dio a la manilla, y la puerta se abrió. No había estado nunca cerrada.

¿Cuál es la moraleja del cuento?

Nos creemos que vivimos en una cárcel y nos dedicamos a redecorar las paredes constantemente. Pero no es una cárcel. No está cerrada. No necesitamos salir de la celda y luchar por cambiarnos a nosotros mismos y conseguir a la desesperada la libertad, sencillamente porque ya somos libres.”

FUENTE: Charlotte Joko Beck, en “Everyday Zen”

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